martes, diciembre 05, 2006

05 de Diciembre - Especial La Movida


2 comentarios:

Alshu Llanfer dijo...

Aunque naci en el 79, mis recuerdos de mi infancia, son una mezcla de pelos de colores chupas de cuero jerseis de cuello alto y pana mucha pana jejeje.
desayunaba todos los sabados con la bola de cristal, no fui a la sala morasol ni nada de eso pero mi infancia transcurrio en los ochenta asi que creo que la exposicion sera un buen momento para recorda mi infancia,
os acordais cuando la policia ivan de marron, que tiempo, tiempos pasados fueron mejor.

bosque-utopico.blogspot.com

Anónimo dijo...

laintxo said...
El Hortelano tiene un nombre común del que no quiere acordarse. Es el ejemplo de cómo el artista supera al hombre que ha viajado - vivido - por Nueva York, París, Londres, Barcelona, Roma... Grandes ciudades que nunca han ocultado su interés por la naturaleza posiblemente heredado de un paisajista que también fue tío suyo.
Desde su ventana de niño valenciano observaba el trabajo de un hombre que le hacía soñar entre viñetas: el creador del Capitán Trueno. Luego él, adolescente todavía, comenzaría a publicar ilustraciones y dibujos en otras revistas como "Ajoblanco", "El Viejo Topo", "Triunfo", "Star"...
Hombre mediterráneo, pintor madrileño. Llegó a la capital de España para cumplir con su destino en los incipientes 80: la mili. Pero sus encuentros en El Rastro con Alberto García Alix, Alaska, Ceesepe, Ouka Lele, terminaron quizás por convencerle de que las Parcas habían ya decidido que lo suyo era el arte.
Y aunque se le puede llamar pintor de La Movida, su primera exposición individual tuvo lugar en Barcelona. La llamó "Moda" y la presentó con una intervención artística a la que se le podría llamar tranquilamente performance: llegó en camilla, entre aullidos de sirena y ataviado con una lubina (?) por corbata...
Un día viajó en 600 casi hasta el Polo Norte y otro cualquiera del año 86 nos dejó una portada memorable: la de Gabinete Caligari y "Al calor del amor en un bar". También hizo sus pinitos musicales, destrozando instrumentos y oídos con la cara pintada en la estación de Metro Retiro y, por si fuera poco, también editó un Manifiesto Emocionado que abrió con las siguientes palabras: "Creo en una pintura que consagre la realidad. Una pintura fuerte como la emoción de la semilla del garbanzo y, a la vez, llena de dudas, frágil, como las lágrimas que destilamos en nuestras vidas".